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Más allá de la visión

Por Federico Cortes

Es la mañana más fría, nublada y lluviosa de la semana. Él no aprecia lo mismo. Tal vez antes sí. Ya dejó a su hijo en el colegio y a las diez comienza su entrenamiento de dos horas en bicicleta fija. En realidad iba a pedalear en la calle con su entrenador. Pero el Ninja, su guía en triatlones, lo llamó y lo postergó para el domingo debido a las lluvias. Para él no existe un día sin deporte.

Martín Kremenchuzky mira para todos lados y al mismo tiempo a ninguno. Se desliza como un nene por las escaleras en la casa de sus padres en Villa Devoto. Baja en soquetes, short de running y campera deportiva. Esta casa es la que lo vio crecer y que ahora, los días que tiene que cuidar a su hijo, lo ve crecer a Toto. Como el colegio queda cerca ambos duermen ahí. Y además, porque tiene la bici indicada para entrenar al aire libre. Una bici doble.

“Usted tiene un mensaje nuevo”, suena desde su celular. Martín presiona un botón y una maquina deletrea el número y el texto de lo que llegó. Después respondo dice, y apoya el teléfono en la mesa.

150 trofeos tiene en Devoto. Todos dedicados a su hijo. Quien detecta de inmediato cuando hay uno nuevo.

Pero no siempre fue así. Antes no corría. No le gustaba para nada. En el secundario directamente se escondía cuando había que correr. Pero esto fue antes. Antes de que termine de concluirse algo que tenía un destino fijo y que comenzó a gestarse cuando, más o menos, tenía la edad de Toto.

Desde los cinco usa audífonos. En la primaria dejó de ver de noche. Cuando se oscurecía prácticamente no veía nada. Un poco antes del secundario, comenzó a disminuirse su campo visual. Cuando jugaba al fútbol era arquero, en el mano a mano era un fenómeno, según dice, pero cuando le tiraban centros...

Su vista se fue achicando, luego se detuvo, pero hace unos quince años siguió avanzando. Cada vez veía menos. En un momento ya no podía leer, perdió calidad de visión y sólo veía bultos. “Hasta que bueno, hace unos siete años terminé de perder todo”.

-Cuando yo quedé ciego, para mí, era imposible volver a ser feliz. No había nada que pudiera hacer. Sin proyectos, sin ilusiones. Me sentía una mochila. Por respeto a todos los que me querían no podía hacer ninguna locura. No veía el sentido de vivir.

Un amigo le recomendó salir a correr. A él le parecía patético. Pero desde que salió por primera vez, nunca pudo parar. Encontró en los running teams un lugar dónde hacer deporte y sociales. Un lugar de contención. Encontró su salida social.

“Movistar uno uno tres…”, de nuevo su celular, esta vez una llamada. “Hola, sí Alberto, leí el primero y el segundo no… a la tarde no puedo, tengo una reunión…”.

A Martín no se le escapa palabra sin que sus manos lo acompañen. Le gusta mucho la acción, necesita hacer cosas todo el tiempo. El único motivo por el que se siente bien en una cama es después de una exigencia deportiva. Para descansar.

Suena otro mensaje.

No es casual. Martín es ingeniero en sistemas, trabaja cinco horas diarias. Responde mensajes, hace llamadas y entra todos los días al Facebook. Se la pasa preparando charlas motivacionales. Lo llaman para que hable frente niños, adolescentes, adultos y equipos. Además, también lo llaman personas que necesitan palabras de apoyo para seguir adelante.

-¿Qué cambió en tu vida?

-Cambió mi persona. Yo antes era uno más del montón. Quejoso, materialista, envidioso. A mí se me abrió un mundo nuevo, gracias a la discapacidad. Valoro la vida de una forma diferente, soy más agradecido.

-¿Te consideras un ejemplo?

-Había muchos que me decían eso. Hace tres o cuatro años, era un verso de aquellos. No me lo creía. Yo pensaba que me veían como: “uh el pobre discapacitadito vamos a levantarle el ánimo”. Después de una nota que me hicieron en Clarín en 2013 al día siguiente me bombardearon de mensajes. Ahí me di cuenta que era verdad que trasmitía. En el buen sentido, el creérmela me hizo sentir mucho más seguro de mi mismo, y cuando uno está seguro y confiado de lo que hace, actúa de forma diferente.

Martín es más seguro que cuando veía. Tiene muchos más objetivos, más desafíos. Hace un par de años que la vida la cambió para siempre. Todo lo que comenzó haciendo para complacer a los demás, hoy en día lo hace por él. Y eso lo llena. Ya está planeando su 2017 y en él no se imagina lejos de su novia y su hijo. Dos personas que conoce mucho, pero que nunca vio sus caras.